Diabetes gestacional
- 20 abr 2017
- 3 Min. de lectura
La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que se desarrolla solo durante el embarazo y se produce porque los niveles de glucosa o azúcar en la sangre son demasiado altos.

Cuando comemos, el sistema digestivo descompone la mayoría de los alimentos en glucosa. La glucosa entra a la sangre y, con la ayuda de la insulina (hormona secretada por el páncreas), las células del organismo la transforman en energía. Pero si nuestro cuerpo no produce suficiente insulina, o si las células del organismo no responden bien a la insulina, la glucosa se queda circulando por la sangre en vez de llegar a las células y convertirse en energía. En el embarazo la placenta produce hormonas que contribuyen al desarrollo del bebé, pero estas hormonas también bloquean la acción de la insulina en el cuerpo de la madre generando resistencia a la insulina. Para la mayoría de las mujeres esto no representa un problema porque responden produciendo mayor cantidad de insulina, pero otras no pueden.
Una embarazada tiene más riesgos de padecer diabetes gestacional si:
Tiene más de 25 años.
Es afroamericana, indígena americana, asiática americana, hispana/latina o americana de las islas del Pacífico.
Tiene antecedentes familiares de diabetes.
Dio a luz a un bebé de más de 4 kg.
Tuvo diabetes gestacional en un embarazo previo.
Tuvo un aborto espontáneo por causas no explicadas.
Tiene hipertensión arterial.
Tenía sobrepeso u obesidad al quedar embarazada.
Aumentó de peso excesivamente durante el embarazo.
Tiene ovario poliquístico.
La diabetes gestacional afecta a la madre a finales del embarazo, después de que se ha formado el cuerpo del bebé, y mientras el bebé todavía está creciendo. Por esta razón, no causa el tipo de defectos de nacimiento que a veces se presentan en bebés cuyas madres tenían diabetes antes del embarazo.
Sin embargo, si no es tratada o está mal controlada puede hacerle daño al bebé. La glucosa elevada que se encuentra circulando en la sangre atraviesa la placenta y aumenta en la sangre del bebé, entonces su páncreas debe fabricar más insulina para eliminarla. A su vez, la energía adicional que genera el aumento de glucosa se almacena como grasa. Esto puede producir macrosomía o un bebé grande, lo que podría dificultar el parto vaginal con riesgos como daño en los hombros al nacer o es posible que se requiera una cesárea.
Debido al aumento en la producción de insulina adicional, el bebé puede tener un nivel de glucosa bajo al nacer lo que podría generar problemas respiratorios o hipoglucemias los primeros días de vida.
Además los bebés con exceso de insulina tienen mayor riesgo de ser obesos durante su niñez y tener diabetes de tipo 2 de adultos.
El diagnóstico se realiza mediante un estudio prenatal de rutina (prueba de tolerancia oral a la glucosa) entre la semana 24 y 28 de gestación. Una embarazada que presenta factores de riesgo puede realizarse este estudio antes.
El tratamiento consiste en mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de límites normales, esto se logra con un plan alimentario y ejercicio físico. Si a pesar de esto los niveles de azúcar no pueden ser estabilizados, es posible que requiera medicación o insulina para controlar la diabetes. Además del tratamiento materno, será necesario asegurarse que el bebé esté saludable mediante el monitoreo fetal donde se evalúa el tamaño y la salud del feto.
Luego del parto los niveles de glucosa sanguínea vuelven a la normalidad y la diabetes desaparece. Sin embargo, es importante que la vigilancia se realice durante algunos años posteriores al parto para detectar signos tempranos de diabetes.








Comentarios